Santa Cruz de Mompox es un pueblo remoto y escondido donde pareciera que el tiempo se detuvo y los sentidos se aceleran. Este pueblo que inspira cuentos de romance y nostalgia se encuentra ubicado sobre una isla homónima en la orilla occidental del Río Magdalena, a 200km al este de Cartagena.
El autor colombiano ganador del Premio Nobel, Gabriel García Márquez, escribió en su novela “El General en su laberinto”, una frase que se le atribuye al gran Libertador Simón Bolívar, “Mompox no existe. A veces soñamos con ella, pero no existe”.
Alonso de Heredia fundó este pueblo en 1537 como Santa Cruz de Mompox, después de una feroz confrontación con la tribu Kimbay, la cual resultó en la derrota del líder indígena Cacique de Mompoj, personaje a quien el pueblo debe su nombre. Mompox se convirtió inmediatamente en un centro clave para el comercio de la mercancía que viajaba río arriba desde la ruta interior hacia Cartagena. También fue un escape importante para la Aristocracia de Cartagena cuando la ciudad sufrió ataques de piratas ingleses. El 6 de agosto de 1810 fue el primer pueblo en declararse independiente absolutamente de España, cuando los patriotas de Momposino simbólicamente destruyeron los utensilios de tortura pertenecientes a los miembros de La Inquisición.
Durante una corta parada en el pueblo, Simón Bolívar pronunció unas palabras inmortales “A Caracas debo mi vida. A Mompox, la gloria”, pues levantó un ejército de 400 hombres aquí. Sin embargo, la gloria y esplendor que elevó tanto a Mompox entró en decadencia cuando, hacia finales del siglo XIX, la navegación por el Río Magdalena fue desviada a lo largo de la otra rama del río. Gracias a esto, la ciudad se ha mantenido arquitectónica y tradicionalmente intacta, por lo que en 1995 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El Cementerio Central es quizás el lugar más interesante y atmosférico para visitar. Aquí se manifiestan que los viejos cuentos de Mompox siguen con vida. Las tumbas blancas están alineadas una sobre las demás y formando paredes de recuerdos en torno a una capilla central. Al caminar por los alrededores en las horas del crepúsculo podrá ver a los habitantes del pueblo tranquilamente sentados en el frente de sus casas disfrutando de la brisa y meciendo sus mecedoras.
Una tradición en Mompox, que es pasada de generación en generación y reconocida mundialmente, son los talleres de filigrana. Artesanos locales crean, a partir de hilos de oro y plata, bisutería intrincadamente delicada.
La flora y fauna local es posible de observar en la Ciénega de Pijino, ubicada a aproximadamente 20 minutos del pueblo, navegando entre el paisaje del pantano. Este complejo sistema de pantano es un hogar para una vasta variedad de aves y animales exóticos, tales como los monos aulladores y las iguanas; los cuales podrán ser vistos desde una pequeña lancha que atravesará la Ciénega.
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